La Facultad de Lenguas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) se convirtió en un punto de encuentro donde estudiantes de distintos países latinoamericanos pudieron mirarse, escucharse y reconocerse en sus desafíos comunes. Allí se llevó a cabo un conversatorio dedicado a reflexionar sobre el rol que tiene el estudiantado en la defensa de derechos y en la construcción de una vida universitaria más justa, más participativa y más humana. La actividad formó parte del II Encuentro de Intercambio de Buenas Prácticas Europa–América Latina, un espacio que busca reforzar el trabajo de las defensorías universitarias y promover una cultura basada en el respeto y la escucha activa.
El conversatorio, titulado “Defensorías Universitarias y Derechos Estudiantiles”, estuvo coordinado por Emilio Olías Ruiz, ex Defensor de la Universidad Carlos III de Madrid y coordinador general del Proyecto Bravioo. A la actividad se sumaron representantes de la Federación Universitaria de Córdoba (FUC), delegaciones estudiantiles de distintos países y referentes institucionales como Ana Yukelson, Defensora de la Comunidad Universitaria de la UNC, quien aportó una mirada directa sobre el funcionamiento local de la defensoría.
La conducción del panel estuvo a cargo de los coordinadores estudiantiles Maximiliano Chirino (UNC), Sofía Rodríguez Azcona (UNNE) y Carlos Bustamante Galdames (UFRO–Chile), quienes lograron generar un clima de confianza en el que los estudiantes se animaron a hablar con franqueza. También participaron —de manera virtual— Romina Fedurquevich, presidenta de la Federación Universitaria del Nordeste (FUNNE), y de manera presencial Constance Keegan, presidenta de la FUC, ampliando aún más la diversidad de voces presentes.
Los temas que surgieron reflejan las inquietudes más urgentes de la vida universitaria actual: la necesidad de contar con mecanismos reales y accesibles para defender derechos, la falta de información sobre el rol de las defensorías, la urgencia de promover una participación estudiantil que no sea meramente simbólica y la importancia de construir campus donde no haya lugar para la discriminación, la violencia simbólica ni prácticas que vulneren a quienes estudian. El eje de salud mental atravesó buena parte del diálogo; al respecto los estudiantes coincidieron en que necesitan más espacios de acompañamiento, contención emocional y apoyo institucional, sobre todo en un contexto donde las demandas académicas, sociales y económicas impactan directamente en su bienestar.
El conversatorio también dejó al descubierto que, más allá de las diferencias entre universidades y países, existen preocupaciones comunes que recorren toda la región. La falta de información sobre rutas de acompañamiento, las dudas y temores al momento de denunciar, o la desconfianza hacia los canales institucionales son experiencias que se repiten. Aun así, también quedó claro que existe una voluntad colectiva de avanzar hacia universidades más democráticas, más sensibles y más abiertas al diálogo.
Uno de los aspectos más valorados por quienes participaron fue la posibilidad de hablar de igual a igual con estudiantes de otros países, de compartir vivencias y de contrastar realidades. Este intercambio permitió ver con claridad que la cooperación regional no es solo una intención diplomática, sino una herramienta concreta para fortalecer las defensorías universitarias y diseñar políticas estudiantiles que realmente respondan a las necesidades cotidianas.
La reflexión final estuvo marcada por un consenso amplio manifestando que, las defensorías universitarias son espacios esenciales para garantizar la escucha, la mediación y la orientación, pero su alcance depende también del compromiso activo del estudiantado. Sin su participación, cualquier cambio institucional queda incompleto.
La Facultad de Lenguas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) se convirtió en un punto de encuentro donde estudiantes de distintos países latinoamericanos pudieron mirarse, escucharse y reconocerse en sus desafíos comunes. Allí se llevó a cabo un conversatorio dedicado a reflexionar sobre el rol que tiene el estudiantado en la defensa de derechos y en la construcción de una vida universitaria más justa, más participativa y más humana. La actividad formó parte del II Encuentro de Intercambio de Buenas Prácticas Europa–América Latina, un espacio que busca reforzar el trabajo de las defensorías universitarias y promover una cultura basada en el respeto y la escucha activa.
El conversatorio, titulado “Defensorías Universitarias y Derechos Estudiantiles”, estuvo coordinado por Emilio Olías Ruiz, ex Defensor de la Universidad Carlos III de Madrid y coordinador general del Proyecto Bravioo. A la actividad se sumaron representantes de la Federación Universitaria de Córdoba (FUC), delegaciones estudiantiles de distintos países y referentes institucionales como Ana Yukelson, Defensora de la Comunidad Universitaria de la UNC, quien aportó una mirada directa sobre el funcionamiento local de la defensoría.
La conducción del panel estuvo a cargo de los coordinadores estudiantiles Maximiliano Chirino (UNC), Sofía Rodríguez Azcona (UNNE) y Carlos Bustamante Galdames (UFRO–Chile), quienes lograron generar un clima de confianza en el que los estudiantes se animaron a hablar con franqueza. También participaron —de manera virtual— Romina Fedurquevich, presidenta de la Federación Universitaria del Nordeste (FUNNE), y de manera presencial Constance Keegan, presidenta de la FUC, ampliando aún más la diversidad de voces presentes.
Los temas que surgieron reflejan las inquietudes más urgentes de la vida universitaria actual: la necesidad de contar con mecanismos reales y accesibles para defender derechos, la falta de información sobre el rol de las defensorías, la urgencia de promover una participación estudiantil que no sea meramente simbólica y la importancia de construir campus donde no haya lugar para la discriminación, la violencia simbólica ni prácticas que vulneren a quienes estudian. El eje de salud mental atravesó buena parte del diálogo; al respecto los estudiantes coincidieron en que necesitan más espacios de acompañamiento, contención emocional y apoyo institucional, sobre todo en un contexto donde las demandas académicas, sociales y económicas impactan directamente en su bienestar.
El conversatorio también dejó al descubierto que, más allá de las diferencias entre universidades y países, existen preocupaciones comunes que recorren toda la región. La falta de información sobre rutas de acompañamiento, las dudas y temores al momento de denunciar, o la desconfianza hacia los canales institucionales son experiencias que se repiten. Aun así, también quedó claro que existe una voluntad colectiva de avanzar hacia universidades más democráticas, más sensibles y más abiertas al diálogo.
Uno de los aspectos más valorados por quienes participaron fue la posibilidad de hablar de igual a igual con estudiantes de otros países, de compartir vivencias y de contrastar realidades. Este intercambio permitió ver con claridad que la cooperación regional no es solo una intención diplomática, sino una herramienta concreta para fortalecer las defensorías universitarias y diseñar políticas estudiantiles que realmente respondan a las necesidades cotidianas.
La reflexión final estuvo marcada por un consenso amplio manifestando que, las defensorías universitarias son espacios esenciales para garantizar la escucha, la mediación y la orientación, pero su alcance depende también del compromiso activo del estudiantado. Sin su participación, cualquier cambio institucional queda incompleto.
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